Ayer, en la escena de una película vía al protagonista tocar el piano. Era un Fazioli.
Recordé a mi amigo Paolo y las noches que nos invitaba a diferentes amigos, a su preciosa casa, con vistas a la montaña. Antes o después de la cena, tocaba el piano, era una delicia. Nos transportaba al Barroco, con su melodías, nos encantaba!
Un día, me invitó a visitar la fábrica, o "el taller grande", como él lo llama. Recuerdo el olor intenso a abeto y a otras maderas provenientes de diferentes partes del mundo. Recuerdo cómo estaban dispuestas en el enorme almacén, las máquinas, herramientas y otros utensilios. Era un espectáculo visual de orden y limpieza deslumbrante.
Me explicó cómo viene construido un piano, y cómo "un gran piano". Ya había entendido desde hacía tanto, que la mano del hombre es capaz de moverse en un abanico de categorías según la forma y estilo de hacer las cosas y que"lo especial", a parte de la materia prima, es resultado de habilidad, destreza, sensibilidad, atención e interés. Igual que la relación entere personas. Lo que escapa de estos cánones, ya no es especial. Y aún así, cuántos proyectos quedan frustrados por el camino, y cuántos carecen de alma. Tal vez, porque habría que que añadir otros dos ingredientes más, que escapan a la fórmula, "la pasión y el arrojo".
Seguir la propia naturaleza, escuchar su llamada, aunque no lleve a ninguna parte, como una liviana hoja en Otoño que mueve el viento, que cae y vuelve a fluctuar. Escapar de aparentes barreras infranqueables, seguir en el camino; una auténtica proeza !












