Qué extrañas las mañanas sin tí,
sin tu voz,
sin tus manos,
sin tu deseo,
melancólicas las tardes
sin tu presencia,
sin la prisa de tocarme,
sin tu mirada
afligidos los ardientes atardeceres
sin tus mensajes
que acariciaban las horas de arriba abajo
y de noche
hiriente el insomnio,
desesperado,
y no saber si esto fue o no ha sido un sueño...
