El poeta


El poeta vierte su dolor en el papel en blanco, y en ese terrible vacío de desierto sin dunas y sin oasis, encuentra su refugio, desnudo ante un sol cegador e hiriente.
Perdido entre arenas movedizas, naufraga una y otra vez, expolio de brújula y astrolabio.
Luego permanece fermo, grávido, plomizo, anclado a la fatalidad de su agonía lenta e infinita.
El poeta nunca quiso caminar solo, pero los dioses jugaron al azar.