Que cerca respira la vida de los sueños....
vecinos inseparables, inquilinos de paso en donde todo es efímero viviendo de prestado.
El sol ilumina los días, carburante incombustible mueve nuestros cuerpos sonánbulos, dormidos. La luz y el calor alimentan este extraño panal de abejas, enjambre colectivo, engranaje perfecto.
Pero allí a lo lejos, el mismo sol, proyecta la sombra de nubes negras. Junto a las sombras, casas sin puertas ni ventanas, solo chimeneas, humo negro, humo denso, humo lento. Cavernas húmedas y oscuras arropan las almas desoladas de criaturas inertes, casi sin respiro. Blindadas en acorazadas prisiones cumplen su perpetua condena lejos de la luz y de los sueños.
En esta ciudad "con ley", nada escapa al control de mentes desviadas. La mirada de los cíclopes traspasan los muros y cavernas; las cadenas siguen bien soldadas, las llaves del destino están muy lejos de esta prisión terrestre.
En esta autopista sin peaje, nadie para, ni desvía la atención a zonas marginales, sin saber aún, si vamos o venimos, si estamos en ascenso o en descenso, hacia norte o sur, porque la brújula de la vida no señala coordenadas, el destino cielo cada vez está más lejos, y nosotros pasajeros y guías navegamos al ignoto.