Sumergidos
en esta espiral sin fin,
perdemos la luz, el norte, el mar y las estrellas.
Vertiginosamente,
nuestros cuerpos se deslizan
por sesgadas bajadas,
precipitando a la interminable nada,
y en la irreversible cuenta atrás,
nuestras almas gravitan
abrazadas a un triste cuerpo
en esta libre caída forzada.